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Una lámpara de mesa ilumina exactamente el lugar donde se encuentran los documentos, el teclado o el libro. Resulta igual de práctico en la oficina en casa que en el rincón de estudio, en el pequeño escritorio del salón o en la mesita de noche con superficie para escribir. Una lámpara adecuada ayuda a delimitar claramente la zona de trabajo del resto de la habitación, sin iluminar en exceso todo el entorno. A la hora de elegir una lámpara de mesa, es importante que tenga una intensidad luminosa agradable, un color de la luz adecuado, un tamaño apropiado y un diseño que se adapte al escritorio que ya tienes.
Una lámpara de mesa debe iluminar la zona de trabajo en la que realmente se trabaja, se lee o se escribe. En un puesto de trabajo fijo en la oficina, puede resultar útil una lámpara más grande si ofrece un haz de luz más amplio. En cambio, en un escritorio estrecho del salón resulta más práctico utilizar una lámpara de mesa compacta, para que el teclado, el monitor y los documentos tengan suficiente espacio. Lo más recomendable es colocar una lámpara de escritorio a la izquierda o a la derecha de la superficie de trabajo, dependiendo de con qué mano se escriba. De este modo, se proyecta menos sombra sobre el papel o el cuaderno.
En el caso de una lámpara de mesa para trabajar con pantalla, se debe evitar el deslumbramiento indirecto, por ejemplo, el causado por la luz que incide directamente sobre el monitor o en los ojos. Un brazo ajustable o un cabezal giratorio facilitan la orientación. Para trabajar de vez en cuando, suele bastar con una zona de iluminación bien delimitada sobre la superficie de la mesa. Para tareas prolongadas, es recomendable contar con una iluminación de escritorio flexible, ya que permite adaptarse a diferentes actividades.
La intensidad luminosa de una lámpara de mesa debe adaptarse a la tarea que se vaya a realizar. Para tomar notas breves basta con menos luz que para trabajar concentrado, dibujar o leer letras pequeñas. Como orientación práctica para la iluminación de una superficie de trabajo, se puede considerar una cifra de entre 100 y 150 lúmenes por metro cuadrado, aunque el efecto real también depende de la forma de la pantalla, la distancia y la superficie del escritorio. Los tableros de mesa claros reflejan la luz más que la madera oscura o los muebles negros.
Una lámpara de mesa LED atenuable resulta especialmente versátil en el día a día. Por la mañana, una luz intensa puede ayudar a concentrarse en el trabajo; por la noche, suele resultar más agradable una intensidad más baja. Además, el color de la luz influye en el grado de tranquilidad o sobriedad que transmite el puesto de trabajo. La luz blanca cálida es ideal para salas de estar y rincones de lectura. El color blanco neutro es ideal para trabajar con concentración en el escritorio. La luz diurna puede resultar útil para realizar tareas que requieran atención al detalle, pero no debe utilizarse con una intensidad excesiva.
La función de regulación de la intensidad de la luz resulta especialmente útil cuando la misma mesa se utiliza durante el día como lugar de trabajo y por la noche como lugar para escribir o leer.
Una lámpara de escritorio pequeña es útil si hay poco espacio en el escritorio o si el puesto de trabajo sólo se utiliza ocasionalmente. Una lámpara de escritorio pequeña deja espacio para el portátil, las almohadillas de escritorio y los accesorios sin saturar visualmente el espacio de trabajo. Los modelos con una base estrecha o un foco compacto son ideales para escritorios pequeños, secretarías o nichos en el salón.
Las luces de pinza son una alternativa si la superficie de la mesa debe permanecer libre y se dispone de un borde estable para el montaje. Las luces de pinza se fijan al borde de una mesa, una estantería o un estante y pueden alinearse según sea necesario. Una lámpara de mesa flexible con brazo articulado ofrece más alcance si la luz debe alternar regularmente entre varias zonas. Este mayor alcance es útil para escritorios anchos o puestos de trabajo en los que el monitor, los documentos y la superficie de escritura están uno al lado del otro. Es importante que la luz esté bien sujeta y que el brazo mantenga su posición para que el cono luminoso no se deslice durante el uso.
Una lámpara de mesa pequeña es ideal para mesas estrechas, habitaciones infantiles, escritorios y puestos de trabajo que se utilizan de forma ocasional. Una lámpara compacta ocupa poco espacio y se puede cambiar de sitio fácilmente. En el caso de las lámparas de mesa muy pequeñas, el haz de luz debería abarcar, no obstante, la superficie principal de escritura o lectura. Una lámpara de mesa grande resulta útil cuando hay que iluminar documentos anchos, dos zonas de trabajo o un escritorio profundo.
Las lámparas de pinza ahorran espacio en la superficie de la mesa. Se fijan al borde y quedan bien sujetos allí, siempre que el borde de la mesa permita una fijación segura. Una lámpara de pinza resulta muy práctica en talleres de manualidades, zonas de trabajo o escritorios con muchos aparatos. Por el contrario, una lámpara de mesa clásica con pie se puede colocar con mayor libertad y también cabe en muebles que no tengan un borde adecuado. Lo fundamental es que la lámpara no se mueva, no estorbe y ilumine correctamente la zona de trabajo.
El material, el color y la forma de una lámpara de mesa influyen en el efecto que produce la lámpara en el puesto de trabajo y en la estancia. El metal combina muy bien con espacios de trabajo de estilo minimalista, con estanterías con herrajes negros o con escritorios de aspecto sobrio. El aluminio combina bien con una decoración sobria y de aspecto técnico, mientras que la madera aporta un toque más acogedor al lugar de trabajo. Los modelos de madera y metal combinan un estilo sobrio con un toque acogedor y quedan muy bien cuando el escritorio se coloca en el salón o en el dormitorio.
Las lámparas de mesa negras tienen un aspecto discreto y combinan muy bien con monitores, teclados y muebles oscuros. Las lámparas de luz clara pasan más desapercibidas cuando se quiere integrar el puesto de trabajo en un entorno tranquilo. Las lámparas de mesa bonitas también pueden tener un diseño discreto. Un diseño sencillo facilita su uso cuando hay muchos objetos sobre la mesa. No obstante, una lámpara de mesa elegante debería seguir siendo regulable, para que la forma no prevalezca sobre la orientación de la luz.
Los LED son muy habituales en las lámparas de mesa, ya que la tecnología LED permite fabricar cabezales compactos y diseños planos. Algunos modelos tienen LED integrados de forma fija, mientras que otros utilizan bombillas LED intercambiables. En el caso de los LED fijos, la lámpara debe adaptarse al uso previsto, ya que el brillo y el color de la luz no se pueden modificar simplemente cambiando la bombilla. Las variantes intercambiables ofrecen más flexibilidad en caso de que más adelante se desee utilizar otra bombilla.
La elección entre LED y halógenas depende sobre todo de las lámparas que ya se tengan y de las preferencias personales. En el caso de las nuevas lámparas de mesa, los modelos LED suelen ser la opción más obvia cuando se busca un diseño plano, una función de regulación de la intensidad o varios niveles de iluminación. El manejo táctil, la función de memoria o el puerto USB pueden resultar útiles si estas funciones se utilizan con frecuencia en el lugar de trabajo. A menudo basta con un interruptor sencillo si la lámpara solo se utiliza para leer o para realizar tareas de escritura breves.
El grado de protección IP describe el grado de protección de la lámpara en determinadas situaciones de uso y, por lo general, no suele ser un criterio de selección fundamental para una lámpara de escritorio normal en el salón. Es más importante si la lámpara está cerca de plantas, bebidas o un espacio de trabajo en la cocina.
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